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Capítulo 8: Gil Scott-Heron in memoriam: El blues del reggae

Posted on 26 Junio 2011 in General by ACR Crew

¿Qué pinta GSH en un blog de reggae?. ¿Y quién te dijo que los grandes mensajeros, los grandes poetas tenían que ser necesariamente nacidos en Jamaica?. Nacido en Chicago, sin embargo, GSH era hijo de jamaicano, el legendario Black Arrow, el primer negro que jugó en el Celtic de Glasgow, allá por los 50 y mucho antes de que Alan Skilly Cole se hiciera consejero de Marley, entre glamour y oropeles. Pero como Bob, sus padres acabaron pronto separados y GSH viviendo con su abuela en el campo, allá en Jackson (Tennessee), hasta que volvió con su madre, corista de góspel, al Bronx. Al menos eso cuenta la Wikipedia.

Claro que aunque las raíces jamaicanas no estén en el imaginario popular sobre GSH, hay más paralelismos de los que pareciera, desde que irrumpiera sentando cátedra en el estilo “spoken word”, con su primer álbum “Small Talk at 125th & Lenox” en 1970, que le hizo famoso como poeta de la blaxploitation y precursor del rap político junto a los Last Poets. Aquella crónica social del momento, desmoronados los sueños de igualdad racial y derechos civiles de los 60, y a punto de estallar el escándalo Watergate con Nixon en el poder y Vietnam como castigo de los disidentes, que se llamó “The Revolution will not be Televised”, se convirtió en icono instantáneo de la protesta afro: desde los black panthers al hip-hop vía Public Enemy en la intro de “It takes a nation of millions to hold us back”, del mismo modo que años después “We Almost Lost Detroit” se convirtió en himno para los No-Nukes de Harrisburg en el 79, aunque había sido escrita para su álbum “Bridges”, 5 años antes de que Meryl Streep protagonizara la heroína antinuclear Karen “Silkwood” para Hollywood.

Y cómo Marley, desde el inicio con Bob Dylan, pero también con los Miracles y los Moonglows, Curtis Mayfield & los Impressions o el mísmismo Barry White; con esa fórmula mágica tan africana de percusión tribal y poesía, si acaso algo de flauta y algún teclado cortesía de su socio Brian Jackson, que luego repetiría en la cara B de su tercer álbum “Free Will” (72), GSH también rendía tributo frecuentemente a sus mayores: Billy Holiday y Coltrane (a los que dedicaría su encendido “Lady Day & John Coltrane”), Otis Redding, José Feliciano o Nina Simone, pero también a su muso, el rey del jazz-poetry Langston Hughes y el academicismo africanista de Leroi Jones y sus influenciales análisis sobre la cosmovisión afroamericana y harlemita, el encarcelado Huey Newton o el asesinado Malcom X. Palabras mayores.

Y también cómo Marley, si éste sufrió un intento de asesinato por su influencia política y social, GSH estuvo en el punto de mira permanente del FBI durante todos los años 70. No era de extrañar, pocos proclamaron tan alto y claro aquello del “I’m Black & I’m Proud”.

Pero su “black & proud” nace realmente de sus tiempos en la Lincoln University de Pennsylvania, donde se haría amigo para siempre de una promesa del basket luego conocida como Kareem Abdul Jabbar y conocería a su alter-ego Brian Jackson, con el que formaría el grupo aficionado “Black & Blues”. Y sobre todo, cuando recala en el entonces multicultural barrio de Chelsea en NYC, donde confluiría con gente como Richie Havens y Joe Bataan –que luego haría el instrumental de “The Bottle”-, algunos de los futuros miembros de Mandrill y el mismísimo José Feliciano al que podías acudir a ver tocar la guitarra a la puerta de la misma Pizzería de vez en cuando, por unos centavos. Mención aparte para el incombustible H Rap Brown, en la estela de Stokley Carmichael, cuyos performances incendiarios del estilo “If America don’t come around/We’re gonna burn it down” le llevaron a ser Ministro de Justicia de los Black Panthers, hasta que fue condenado a cadena perpetua por disparar a un policía, nunca se supo bien si en defensa propia, en un país en el que como él decía: “En América la violencia es como un pastel de fresa”.

Con H Rap Brown y el enorme bluesman Leon Thomas de “Damn Nam (Ain’t going to Viet Nam)”, GSH y Brian Jackson compartirían sus inicios en el influyente sello discográfico “Flyin’ Dutchman” (El Holandés Errante) creado a la sazón por el gran productor de jazz Bob Thiele (Satchmo, Sheep, Dizzie, Coltrane y todos los grandes), quien se inauguró por su cuenta en 1969 precisamente autofinanciando “Small Talk at 125th & Lenox”, el primer álbum de GSH, tal era el empuje del poeta y novelista, tras haber comprobado al ver a los Last Poets en una aparición universitaria, que sus poemas también podían subirse a un escenario. Precisamente con su percusionista Charlie Saunders y en honor a ellos y su “East Wind” (el colectivo activista impulsado por Last Poets en paralelo al auge de Malcolm X, que solía reunirse en un centro llamado “Pride, Inc.” en el este de Harlem, de cuya dirección GSH sacó el título).

Desde entonces es sabido que “El Nuevo Poeta Negro” (como se decía desde la portada de aquel primer compendio de crítica social y racial al consumismo, la superficialidad y la hipocresía americanas) escribiría como pocos en el manejo del inglés, sobre la brutalidad policial (“No Knock”, “Jose Campos Torres”), las drogas (“Home is where the Hatred is”, “Angel Dust”) y el alcohol (“The Bottle”), los escándalos políticos (“H20gate Blues” y “We beg your pardon” ó “Shah Mot” sobre el Irangate, y su sesión continua sobre Ronald Reagan en “B Movie” y “Re-Run”), la represión racial sistemática (“Winter in America”, “The Klan”, “Angola, Lousianna” en tributo al tremendo caso de Gary Tyler, al estilo de Mumia Abu Jamal, aún en la prisión estatal cumpliendo condena por un crimen que no cometió en un juicio repugnante; o “Johannesburg” sobre las luchas de “Soweto” en el 75), pero también sobre las nucleares (“We almost lost Detroit” y “South Carolina” con uno de los primeros almacenes de residuos nucleares conocidos), la pena de muerte (“Waiting for the Axe to fall”) o sobre la tradición americana del blues en “Biccentenial Blues”:

America provided the atmosphere for the blues and the blues was born/The blues was born on the American wilderness/The blues was born on the beaches where the slave ships docked/Born on the slave man’s auction block/The blues was born and carried on the howling wind/The blues grew up a slave/The blues grew up as property/The blues grew up in Nat Turner visions/The blues grew up in Harriet Tubman courage/The blues grew up in small town deprivation/The blues grew up in big city isolation/The blues grew up in the nightmares of the white man/The blues grew up in the blues singing of Bessie and Billie and Ma/The blues grew up in Satchmo’s horn, on Duke’s piano and Langston’s poetry, on Robeson’s baritone”. Puro patrimonio americano, puro patrimonio de la humanidad. Como el blues. Buscad la letra entera y comprenderéis porque el verdadero Blues Quartet del Bicentenario lo formaban Gerald Ford, Ronald Reagan, Jimmy Carter y Henry Kissinger.

Piezas que todas juntas compondrían por sí solas, sin música, una de las más importantes antologías de la poesía social de todos los tiempos. Con semejante escritura, no es de extrañar que además del GSH cantante y poeta, también estuviera el GSH novelista. En sus tiempos de Universidad, dejó sus estudios para volver al Bronx y escribir en 1970 “The Vulture”, la historia de un extraño asesinato contada por cuatro personajes que conocieron al asesinado cuando era niño y que se musicaliza en su primer álbum, y “The Nigger Factory” en 1972, sobre la reivindicación de la acción directa para equiparar los derechos de los estudiantes negros en Universidades supremacistas como la de Sutton en West Virginia, hasta que con “Circle of Stone” obtuvo ese mismo año el título de Master en escritura creativa por la prestigiosa John Hopkins University. Ya en los años 2000, entre entradas y salidas de la cárcel y los centros de rehabilitación acabó escribiendo “The Last Holiday”, sobre la reivindicación del día de Martin Luther King como fiesta nacional, que había encabezado Stevie Wonder.

Pasaron los años y los convulsos 70 y los cambios tecnológicos de los 80 y el ojo crítico de GSH siguió ahí. Atento a los cambios y nombrado Padrino del Rap por muchos como Chuck D. (“hacemos lo que hacemos, por lo que él hizo”) ó KRS-One, advirtió a los nuevos poetas de la calle de su responsabilidad con la verdad en “Message to the Messengers”:

“Older folks in our neighborhood got plenty of know-how/Remember if it wasn’t for them, you wouldn’t be out here now/And I ain’t comin’ at you with no disrespect/All I’m sayin’ is that you damn well got to be correct/Because if you’re gonna be speakin’ for a whole generation/And you know enough to try and handle their education/Be sure you know the real deal about past situations/It ain’t just repeatin’ what you heard on the local TV stations/Sometimes they tell lies and put ‘em in a truthful disguise/But the truth is that’s why we said it wouldn’t be televised.”

Pero empezamos preguntando que hacía GSH en un blog de reggae. Antes de su cuatrilogía de álbumes en el filo de los 80 con el elegante Malcolm Cecil (productor del “Innervisions” y otros clásicos de Stevie Wonder) en “Secrets” (todavía con Brian Jackson), “Real Eyes”, “Reflections” y “Moving Target”, GSH y Brian Jackson habían firmado en 1975 con el potente sello Arista, bajo la denominación “Midnight Band”. Probablemente el periodo más recordado y pletórico de su carrera. El primer álbum de ese nuevo contrato se llamó “First Day of a New Day” y en él se incluía “The Liberation Song (Red, Gold & Green)”: There are three colors on our flag now, brother/One red, one black, and there’s one green/There are three colors on our flag now, sister/Can you tell your babies what they mean?”. ¿Te suena?. Dedicada a las revoluciones caribeñas y en especial a la jamaicana, GSH cambiaba el amarillo de la bandera por el rojo de la sangre de los hermanos. Aunque sin tocar reggae, su conexión con las Antillas continuó en ese periodo con el clásico “It’s your World” (1976)”, un doble que recoge grabaciones en directo y temas inéditos y que ha pasado a la historia por esa mezcla única de blues con latin jazz y funk donde el boogaloo se adueña de “The Bottle” ó el smooth jazz que se sirve con su voz grave en “New York City” se desbarata en descarga de latin jazz en cuanto la multiculturalidad de la Gran Manzana se deja suelta.

Así que, no es de extrañar que cuando el periodo de free jazz de Arista llega a su fín, GSH vuelva en 1980 a la carga, rindiendo su personal tributo a la grandeza universal alcanzada por el reggae en “Storm Music” para el álbum “Reflections”, el único tema estrictamente reggae de su repertorio: “From time to time the darkness comes along to terrorize the weak and challenge the strong./The storm is coming, it grows on the waves/from Johannesburg to Montego Bay./What´s that music playin´ on the radio?/What´s that music playin´ everywhere I go?/I don´t think I´ve ever seen/another music that could make me feel/like that music playin´ in my heart.”

Ni tampoco es de extrañar que el reconocimiento a su descomunal figura le llegara de la misma Jamaica, como estrella invitada del Reggae Sunsplash en un año, 1983, donde monstruos como Gregory Isaacs con “Night Nurse” y Sugar Minott estaban en el esplendor de su carrera y del festival. Felizmente, todas las esencias de GSH, sus grandezas y sus demonios, el peso entero de la diáspora africana, pero también su ácido sentido del humor, puede verse en su incursión en el Caribe de “The Bottle”. Denso e iniciático, frágil y aromático, como el propio reggae, el largo viaje pone la piel de gallina. Juzga por ti mismo.

Tuve la oportunidad de entrevistarle en la Barcelona pre-olímpica de 1991, en lo que creía su primera visita a España con la Amnesia Express. Luego Ragna me contó que estuvo con él en 1985. Había visto su vídeo de 1988 “Tales of Gil” y no me había gustado nada. Demasiado disperso e introvertido. Estaba nervioso, pensando que como tantos otros maestros, el desgaste del tiempo no le haría justicia a su propia memoria. Además venía de un incidente tras otro en las aduanas con la coca y el crack. Se lo dije. Cuando terminó el concierto, su road manager vino corriendo desde el otro extremo de la sala, todo pletórico, para reclamarme: “¿qué te dije, qué te dije?”.

El año pasado reapareció fuera de tiempo con “I’m New Here”, por mucho que Mos Def o Nas le rindieran pleitesía. Como uno de aquellos crooners de izquierdas que cantaban country en las carreteras polvorientas del Medio Oeste a mediados de los 50 a lo Woodie Guthrie o como un viejo bluesman del sur camino de un Chicago, al que tal vez nunca llegara. Desde hacía años las clínicas americanas rechazaban tratarle de un Sida nunca oficialmente declarado. No era cómodo como paciente, como no lo fue para el sistema. Pero en tiempos de anti-sistemas y revolución, no seríamos lo que somos si no fuera por personalidades rebeldes con causa como la suya. Llora la guitarra. Llora el teclado. Llora la flauta. Lloran los bongos. Lloran las almas de la buena gente por el Poeta del pueblo que se fue. Descanse en paz, GSH!.

Carlos Monty. Junio 2011