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Capítulo 2: Rappin’ Reggae y Dread Fashion. Oro, incienso y mirra

Posted on 1 noviembre 2010 in General by admin

shabba-ranks

Curiosa la historia de la música. Lo que hoy es experimento privado de heroicos pioneros, mañana se convierte en vulgaridad, no necesariamente comercial, pero seguro previsible, como lo que hoy se había convertido en vulgaridad musical, mañana queda convertido en resistencia épica de unos pocos.

Por supuesto el axioma también es aplicable a la historia del reggae de nuestros tiempos. Cuando los pioneros de Penthouse, Bobby Digital y Jammy’s empezaron a dar cabida a los primeros rapeadores jamaicanos con el advenimiento de la era digital, ya se habían empezado a superar los clichés clásicos del toasting de U-Roy, Big Youth, Eek-a-Mouse, Dillinger ó el pionero King Stitt y su famoso grito de guerra en “Fire Corner”: “No matter what people say/This Song leads the way/It’s the other out the day/From your boss deejay/I’m King Stitt/Hearted from the top/To the very last drop!”.

Así que a finales de los 80, los personajes hoy casi olvidados que irrumpían en la Isla con la fuerza de un huracán caribeño eran Cutty Ranks, Lt. Stitchie, Admiral Bailey, Lovindeer, (Mad) Cobra y Ninjaman. Solo Yellowman sobrevivía en primera línea entre los veteranos. Con sus voces roncas y rimas monocordes  daban la perfecta réplica al hip-hop de la old school norteamericana del momento. Sin embargo, como ocurre con todos los pioneros, inicialmente fueron ignorados, cuando no rechazados, por la mayoría de la audiencia del reggae fuera de la Isla, especialmente en Europa, acostumbrada al estéreotipo del reggae roots y sufferer. El estilo del nuevo rap de la Isla, que combinó en sus inicios el término “raggamuffin’” con el más amplio de “dancehall” para acabar decantándose por el último, fue extendiéndose a medida que la tecnología del sampler avanzaba y facilitaba la aparición de nuevos productores, no en balde, la improvisación sobre una base musical es piedra angular del desarrollo de la música jamaicana desde su independencia, a través de los sound-systems.

Capleton

Como había sucedido siempre con el feedback de ida y vuelta entre la música negra norteamericana y la que se hacía en la Isla, desde que Leslie Kong, Coxsone Dodd y el pirata (por su atuendo) Duke Reid empezaran a importar discos y equipos de sonido de Nueva Orleans y Florida en los primeros 60, el salto a los USA del nuevo estilo no se hizo esperar y los jamaicanos de Nueva York empezaron a construir su propia réplica. Todavía recuerdo a Shinehead actuando en el SOB’s del downtown de Manhattan en 1989 ó a Born Jamericans cruzando las vías del tren para adentrarse más en el hip-hop que en la tradición reggae, por no hablar de DJ Kool Herc ó el primer Busta Rhymes. Entonces Sony fichó a Shabba Ranks y lo que había sido underground se convirtió en comercial y aceptable para los mass media, abriendo la puerta a todos los demás, desde el siempre controversial Buju a Capleton grabando con Def Jam, y desde el versátil Beenie Man al terremoto de Bounty Killer, algo después. El exceso del g-rap se instaló de vuelta en Jamaica y para bizarros, los jamaicanos. Word!. Basta ver los “teams” y las “units” surgidas con el 2000 (de Ward 21 a T.O.K., pasando por Monster Shack Crew, Innocent Kru y sobre todo el Scare Dem Crew de Elephant Man y Harry Todler).

Anthony B

Mientras, en la España de los últimos 80 y primeros 90, donde mayoritariamente el rap había sido rechazado como lenguaje musical fuera de la reducida cultura hip-hop, como hoy se rechaza el reggaeton (“eso no es música”, dicen muchos), sólo los que ya habíamos sido contaminados por la urgencia callejera del hip-hop de Eric B. & Rakim, Big Daddy Kane ó KRS-One, apreciabamos el nuevo crossover jamaicano, entre la comunidad reggae española. Pero los tiempos cambian y cómo a partir de la segunda mitad de los 90 el rap empezara a popularizarse definitivamente en las barriadas españolas desplazando al heavy metal de su banda sonora, el ya no tan nuevo lenguaje también empezó a ser aceptado por la comunidad reggae hispana. Sobre todo a partir de la aparición del estilo sing-jay en Jamaica, donde Anthony B., Sizzla y Junior Kelly algo más tarde, además del siempre omnipresente Capleton, reconciliaron musicalmente la tradición nyabinghi con la insurgencia rapeada de los nuevos tiempos por medio de la coartada purificadora de los bobo dread.  Así, todos contentos, los amantes del roots ya se encontraban cómodos con los nuevos tiempos musicales.

Los recién llegados al tesoro jamaicano por la vía del rap en el dancehall, también, aunque ni supieran ni les interesara nada del componente religioso que el reggae siempre tuvo. De modo que la música jamaicana que no había dejado de crecer internacionalmente, se hizo definitivamente universal, y montones de chicos blancos, africanos o asiáticos se integraron en el nuevo sermón desde cualquier gran ciudad del planeta. La nómina de nuevos intérpretes y producciones ha llegado a ser tan extensa que, como toda masificación, ha acabado cayendo inevitablemente en la vulgarización y la repetición hasta el hastío, de mensajes, códigos y poses, trivializando lo que un día fue una llama purificadora basada en las raíces para convertirse en un metalenguaje muchas veces descontextualizado (musical, cultural y religiosamente). Lo peor es que además la avalancha hace que lo que antes del rap jamaicano ya era dancehall (Garnett Silk, Cocoa Tea, Sugar Minott…) haya quedado en tal segundo plano, que los que aun conservan el estilo original puramente vocal, raramente acceden a las listas de popularidad y al primer plano del reconocimiento general. Pero lejos de ortodoxias reduccionistas y totalitarias, es que la historia de la música siempre se escribió así. También en Jamaica por lo que se vé. Sin embargo, conviene saber separar el grano de la paja si quieres tener una buena cosecha, y seguro que los buenos catadores de reggae-blog.net y reggae.es saben de qué hablo.

El Natty Dread vuelve a estar lejos, pero conociendo a los jamaicanos, seguro que como diría el visionario Marley: “(Real) Dready got a job to do/And he’s got to fulfill that mission/To see his hurt is their/Greatest ambition/But we will survive/In this world of competition/’Cause no matter what they do/Natty keep on coming thru/And no matter what they say/Natty de deh every day”. Carlos Monty. Noviembre 2010.