Tag Archives: Bunny Lee

Post

Capitulo 22: ¿Vuelve el Raggamuffin?

Posted on 12 Junio 2013 in General by lupo

Subía por la Roosvelt Drive en el East River de Manhattan, de regreso del downtown, tras ver a Shinehead en aquel histórico sótano del SOB’s en el Village neoyorquino, cuando en la radio del taxi de aquel negro jamaicano empezó a sonar “Raggamuffin’ in the area” y me sentí el dueño del mundo con la vista sobre el skyline nocturno de los muelles que miran a Brooklyn y Queens, cada vez que Dennis Brown y Gregory Isaacs voceaban aquello de “Big All Around” sobre la percusión electrónica del gran Gussie Clarke.

Al darse cuenta el taxista que yo coreaba aquel himno, se puso tan friendly como si reconociera un paisano, mientras que confirmaba ante mi sorpresa, que sí, que yo no estaba loco por abrazar sin complejos aquel reconocimiento comercial e internacional del raggamuffin que tanto despreciaban en la comunidad reggae valenciana de aquel entonces (excepción hecha del gran Pere Andrés con su tienda de discos “Negril”, Jah le tenga en su gloria, y alguno más), y que justo en aquel momento estaba sonando en la radio de la capital del mundo, nada menos que la Gran Manzana.

24 años después, resulta que aquel sonido chato, percusivo, africano pero digital, que remataran básicamente King Jammys con el “Sleng Teng” y Winston “Techniques” Riley con su “Stalag 17”, parece querer volverse a poner de moda. ¿Pero es realmente así en la Jamaica del dancehall más fashion, o se trata solo de un revival de los aficionados europeos, siempre a la caza de rememorar sonidos que les sean reconocibles, que les suenen familiares, ante su incapacidad general para identificarse con la brusquedad de los guetos jamaicanos?.

El ejemplo más llamativo es el de un jamaicano afincado en Alemania, que ya muchos conocen, como Skarra-Mucci y su “Return of Raggamuffin” (2LP 2012) y que probablemente resulte mucho más resultón en disco que en directo. Pero su apuesta ha devuelto un viejo debate a los foros internacionales.

skarra_mucci_return_of_the_raggamuffin_by_remi90-d4r8y0o

 

Ejemplos de un cierto comeback europeo del raggamuffin hay variados, como el siempre oportunista Alborosie, y sobre todo en Francia donde el revival es legión (hasta tienen una chica blanca, la belga Selah Sue, entre folky y pop, que ha ganado cierta notoriedad con un estribillo raggamuffin en acústico) pero aquí el término está tan gastado, que todo el mundo lo usa para hacer cualquier cosa que no sea reggae roots, desde singjay a dancehall actual, así que no es fácil encontrar original raggamuffin de época entre las producciones europeas (excepción hecha del gran Supa Bassie y su sentido “Original Raggamuffin” de 2011).

Por el contrario, en Jamaica la cosa probablemente no pase de un recurso de producción más, sobre todo en el tratamiento de las percusiones, eso sí cada vez más visible de dos años para acá, cuando se empezaba a avizorar un cierto hastío de la tiranía de los talibanes de Gaza. Probablemente sea, que curioso, el swagga man por excelencia Konshens, quién más tira de evocación del raggamuffin en sus producciones (“Sekkle Dung” por poner la más reciente) y con él, sus colegas Darrio y Delus en “Dem a gyal fool” sobre el riddim Steppings del 2011, el veterano Kiprich en su reciente diss a I-Octane de “Di Real Joe Grind” que suena a evocación clarísima del “Murder she wrote”, y hasta el propio Busy Signal se tiró a la piscina de los clásicos con Etana en “Love, Love, Love” en 2012, ahora que anda entre Reggae Music Again y el popular Bumayé de Major Lazer. Hala, diggers, rastreen, rastreen…

¿Pero la cultura reggae realmente necesita la vuelta de un subgénero tan localista como el raggamuffin?.

Visto con perspectiva, para los puristas del roots reggae, la llegada del raggamuffin fue una maldición. Un empobrecimiento musical y una degradación cultural sin discusión. Probablemente los Súper-Tacañones tuvieran razón desde unas coordenadas meramente artísticas, pero probablemente no desde un punto de vista generacional y evolutivo.

Porque la generación de Bob Marley y el roots reggae hacía una evocación panafricanista de conceptos asociados a una Africa aun colonial de la que se nutre el rastafarismo, a una Etiopía de redención vía Selassie, a una mística garveyita de la Black Star Line y la salvación del Monte Zion, que ya no existía en 1977-78, cuando las esperanzas del proyecto reformista de Michael Manley y su PNP entran en vía muerta (ver Natty in de Red, Cap. 11: Rasta Not Politic )

La francesa Hélène Lee lo explica estupendamente en su “Trenchtown Reggae – En las Calles de Bob Marley” cuando en su afán de contarnos la construcción de Kingston nos habla de los asentamientos desde los años 30 de Back-O-Wall (hoy Tivoli Gardens) y la progresiva estructuración política en Garrisons del downtown.

Pero en los 80, con el triunvirato conservador radical Seaga-Thatcher-Reagan, perdida la mística de la revolución a la que ya ni se espera, e instalados los supervivientes en la decadencia capitalista más burda, drogas, armas y sálvese- el-que-pueda, las temáticas necesariamente dejan de mirar a una perdida redención universal y vuelven a hablar de lo cotidiano, de la supervivencia en el gueto, del Yard. El raggamuffin es básicamente la Cultura del Yard. Del patio trasero entre vecinos. Nada que ver con la explotación multinacional del reggae que se había multiplicado exponencialmente desde el éxito de Bob Marley. En el yard no mandaba Chris Blackwell, ni Richard Branson el de la Virgin, ni los coleccionistas europeos y americanos, mandaban los vecinos y sus tópicos africanos de bolsillo. Por eso las evocaciones populares a Africa ya no hablan de redención ni de nostalgia del saber ancestral, hablan de la urgencia de los asuntos turbios de la gran ciudad, de su propia Babilonia, sin ningún parentesco por raza o color de piel con el resto del mundo. De hecho la diáspora está siendo al revés, no viene de Africa a Jamaica, sale de Jamaica y se va a USA e Inglaterra para tratar de sobrevivir. No mercy, en la ciudad de los mil pecados.

Ya se leía por 1.994 en la revista “African Arts” de la UCLA que: “Donde el concepto “rastafari” de Africa proporcionaba un confort cultural disponible para todos aquellos de piel negra, algo que podía ser intercambiado en un viaje de ida y vuelta a través del Atlántico por los barcos de la “Black Star Line” de Garvey, o que podía inventarse en los espacios oníricos que dejaban los ecos del heavy dub; los cimientos del ragga/dancehall se asientan firmemente en una “negritud” producida en una historia cultural específica. Para la hermandad rastafari, “Zion”, la tierra prometida de Etiopía fue al mismo tiempo una utopía precolonial y el inminente futuro del pueblo negro donde estaba destinado a sobrevivir mientras durara la hegemonía de Babilonia. Sin embargo, con el Ragga, la abstracción de Etiopía/Africa, en lo que se denomina el “Discurso del Dread” (No Natty Dread/Jah is Dead), se dirige a Rema, Tivoli Gardens, el (Concrete) Jungle, y particularmente al Yard. A las realidades jamaicanas del Yard, que no funcionan como cimientos globales del exilio negro porque están ancladas en los mitos urbanos de la historia postcolonial de Jamaica. Una historia propia, no universal. Y esos símbolos y cimientos pertenecen claramente a los “yardies”, que pasan mucho tiempo controlando cuidadosamente la “borderline” que separa una “negritud”, una experiencia cultural idiosincrática, de otra, como los pistoleros custodiaban la frontera de un garrison del PNP de otro del JLP”.

Seguro que los Súper-Tacañones argumentarán que ese enrocamiento en lo propio, en lo vulgar y chabacano, esa chispa de lo cotidiano, ya estaba inventada con los soundsystems y los deejays de los 60, pero curioso, lo local una vez más se vuelve a hacer internacional con la explosión del dancehall en los 90 y los 2000.

Sostengo además que el raggamuffin no empezó por la música, que no fue más que otra adaptación más a la llegada de nuevas tecnologías, como ya sucedió con la importación de los equipos de grabación en los tiempos de la independencia, solo que ahora la realidad local se tiene que adaptar a la tecnología de la comunicación global, desde los sintes de los 80 que eliminan a los instrumentistas y abaratan las producciones, a los móviles 4G de última generación que entierran definitivamente los soportes físicos de la música, vinilos y cedés. No. El raggamuffin empezó por las temáticas de las lyrics y por la forma de cantarlas, desde que, es un poner, el prematuramente fallecido y nunca suficientemente reconocido como precursor del sub-género, Tenor Saw, gritara a los cuatro vientos aquello de: “Ring the Alarm… another sound is dying”, poniendo el certificado de defunción a una época gloriosa pero pasada.

Es sabido como por detrás de los grandes toasters de los 70, emergieron a finales ya de la década, otros más jóvenes que empezaban a controlar la frontera a través del conocido como early dancehall todavía analógico, hasta la llegada de King Yellowman. Cuando el albino canta en público “Gimme Vagina” mezclando tropicalismo de Trinidad con punnanies jamaicanas, está inventando definitivamente el raggamuffin.

Pero hay otros eslabones perdidos en el salto evolutivo, grandísimos pero ignorados para el gran público. Aun no se habla de sexo abiertamente, pero las temáticas sobre Rumours of War, Nueva York y babylon, las drogas, las armas y los dons y los madman como opresión, se abren cada vez más paso entre el lamento sufferah tradicional y las habituales apelaciones a Jah. Estaban deejays pero también cantantes como Tony Tuff, al que como a Sugar Minott (categoría aparte), ya se le veía venir desde “Ease up Opressors” y “Mix me Down” y que llegó a cantar sobre el sleng-teng “Raggamuffin” (“for fan”, repetía) y repitió de manera continua en la 2ª mitad de los 80 hasta “War” y “Careless People” o incluso Jah Stitch con el mismísimo Bunny Lee y su rub’a’dub estilo “Striker”, el Nicodemus del recordado “Boneman Connection” y en el lado deejay, los más malotes Trinity, Dillinger y Dr. Alimantado, que hacían raggamuffin en casi todas sus letras, aunque aún no se hubiera inventado.

También estaban talentos criados en Channel One como el “Outlaw” Josey Wales de “Let go mi Hand”, el Ranking Trevor de “Recession”, pero sobre todo el Eek-a-Mouse de “Rude Boy Jamaican” (“eat wit me gun/sleep wit me gun/me even clean me teeth wit me gun”), y los inolvidables Burro Banton y Lee Van Cliff, en suma, una lista interminable que evolucionando desde el toasting y el sonido rocker y rub’a’dub del early dancehall, se va acercando cada vez más a esa forma cortada y suelta, nada religiosa, de narrar, como en aquellos legendarios clashes del 82 al 84 promovidos por Henry “Junjo” Lawes desde su sello Volcano. El video que sigue de aquella época (1984) es un regalo para la vista y los sentidos. No os lo perdáis.

Así que, por mucho anatema que les lance Bunny Wailer por blasfemos, el barrio hace mucho que superó la biblia como tótem y el dub como icono musical obsesivo, y casi todos los grandes se apuntan al estilo del momento a mitad de los 80. Por supuesto Barrington Levy, aunque conservando su inimitable estilo atemporal desde “Bounty Hunter”, que tantos himnos dio al subgénero. Sugar Minott cantó “Raggamuffin” sobre el riddim de “Wicked in a bed” para Bobby Digital y repitió varias veces después. Y hasta Freddie McGregor se apuntó a la ola, que había intentado con Gussie Clarke en el mismo 1985 y de la mano de Dennis Brown, pero con poca repercusión; la misma jugada que luego Gussie y Dennis repitieron con Gregory Isaacs en 1989, cuando yo me cruzaba el skyline nocturno de Nueva York.

Luego llegó Donovan Germain con su sello “Penthouse” con Tony Rebel y esa costumbre de no editar verdaderos ritmos nuevos, sino construirlos sobre samplers de clásicos –sobre todo de rock steady- como ya se hacía durante una década en los sounds, y la tendencia original del early dancehall que había ido de la mano del raggamuffin hasta entonces, se rompió, para albergar el ragga o dancehall como ya lo conocemos. Pero esa es otra historia.

CARLOS MONTY – JUNIO 2013

Post

Capítulo 11: Lecciones jamaicanas para el 20N. Rasta not politic

Posted on 5 Octubre 2011 in General by ACR Crew

FMI. Deuda Soberana. Crisis internacional. Desempleo. Recortes y empobrecimiento popular. Revolución social. Seguro que son conceptos que te suenan absolutamente actuales, y lo que es peor directamente relacionados con tu bolsillo y tu dignidad. Sin embargo, repasando la historia, uno descubre que cuando los indignados del 15-M van, los jamaicanos, esos negros pobres e ignorantes de una pequeña isla en el Caribe, y más en concreto aquellos que todavía conservan cierta conciencia rasta, vuelven, porque en JA, en esta nueva encrucijada histórica mundial, como en tantas otras cosas, ya han ido y vuelto varias veces. Lee y aprende para tomar tus decisiones frente a la próxima cita electoral del 20-N.

¿Los jamaicanos, como los españoles, son mayoritariamente de izquierdas?. El tópico dice que sí, sea lo que sea, lo que eso signifique. Existen unas constantes comunes bien arraigadas en el acervo cultural popular en ambas sociedades, que parecen confirmar el aserto. Sin embargo, a la esperanza de los pueblos, siempre va anudada una contrapartida de decepción, humillación y escepticismo de la que es difícil escapar.

Todo seguidor de la cultura jamaicana sabe de ese mantra divulgado insistentemente por los rastafaris de que “Rasta Not Politic” (Toots Hibberts), “Rasta No Vote”, (Bob Marley), que arranca desde las huelgas industriales de 1938 en las que arruinada la industria tradicional del cultivo de caña por la explotación multinacional de bauxita y aluminio, se acabaron fundando los dos principales partidos políticos de la isla en los 40. Un prestamista de Kingston, disfrazado de sindicalista como Alexander Bustamante acabó siendo el Primer Ministro de la independencia de la Isla con el JLP, mientras que su pariente Norman Manley creaba el PNP de orientación socialista y democrática.

Sin embargo, un nuevo país tan necesitado de cambios sociales, políticos y religiosos tan radicales, no podía dejar de atraer a los artistas locales si la música era su vehículo natural de expresión popular.

Que Derrick Morgan se prestara a que su himno “Forward March” fuera la banda sonora de los fastos por la independencia organizados por el JLP de Bustamante, tiene el mismo pase histórico que el ingenuo entusiasmo del ska. Como es sabido solo tardó 2 años en desvanecerse, lo que tardaron los guetos en comprender con sangre y miseria que todo seguía igual o peor que antes de soltar el lastre de Her Majesty the Queen; aunque Derrick Morgan repetiría en las sangrientas elecciones del 76 apoyando las supuestas virtudes de un futuro socialista en “People’s Decision” con Bunny Lee, editado en 1977.

Pero el verdadero cambio llegará en los 70, con la renovación del PNP por el hijo de su fundador, Michael Manley. Tras los timoratos gobiernos de Donald Sangster (sí, aquel que pisó a la perrita de Selassie en el 66 y murió a los 2 meses de forma repentina) y Hugh Shearer, hundido el PNP, Manley comprendió que debía orientar su partido hacia una especie de tercera vía pro tercer mundo, entre el capitalismo duro USA y el socialismo duro ruso que predominaban entonces.

Así que Manley, que había sido periodista y líder sindical representando al Central Kingston, no sólo involucró en su tercera vía a las clases bajas incluyendo a los rastafaris del downtown, sino también a las clases medias y de negocios desencantados con el débil gobierno de Shearer, y en 1972 le batió en las urnas con un impresionante 56%, del que se calcula que al menos un 8% procedía de rastafaris entusiasmados que nunca antes habían ido a votar.

Es conocido que su canción de campaña “Better Must Come”, interpretada por el gran Delroy Wilson, contribuyó poderosamente a esa atracción de los votantes sufferah en la Isla, gracias primero al reconocimiento del que ya gozaba Wilson por las producciones de Bunny Lee en la época, como “Footsteps of another man” y “This Old Heart of Mine” (no confundir con el soultune de Motown) que incluso le llevaron a girar un año antes por UK, pero también por contar nada menos que con los hermanos Barrett en la sección rítmica, y con ese groove “start-stop” tan popular entonces en JA, factura del propio Lee. Aunque por encima de todo, lo que animaba a los votantes era ese sentido reconocimiento del sufrimiento popular y como la fé y la autoconfianza podían devolver a la gente la oportunidad de superarlo en lyrics como: “I’ve been trying a long, long time, still I can’t make it / Everything I try to do seems to go wrong… Thank God I’m past the worst… Better must come one day, better must come / They can’t conquer me, better must come”.  “Un himno optimista” declaró con cierto sarcasmo, Ziggy Marley décadas después. Irónicamente, fue el sucesor de Seaga, PJ Patterson, quién acabó otorgándole un reconocimiento nacional en 1994, un año antes de su muerte.

Entre el polo americano de Puerto Rico y el polo marxista de Cuba, Delroy Wilson no fue el único en sumarse al cambio democrático desde la raíz, que anunciaba el PNP en el 72. Los propios Wailers actuaban con alguna frecuencia en mítines y conciertos de apoyo, y especialmente Junior Byles que se encontraba entonces llegando a la cúspide de su popularidad en el gueto, autoeditó unos singles poniendo a cada rival en su supuesto sitio (“Joshua Desire” refiriéndose a Manley, y “Pharoah Hiding” refiriéndose a Shearer), que terminaría de completar con su entusiasta Lp de debut “Beat Down Babylon”.

Como sucedió con esa marea de entusiasmo ante el anuncio de un cambio revolucionario con la Independencia, por 1974, las cosas empezaron a ponerse feas. Manley, que durante la primera mitad de su legislatura había introducido cambios sociales importantes, como la abolición de la prohibición de literatura marxista y del black power que regía en la Isla hasta entonces, el acceso gratuito a la enseñanza secundaria o la nacionalización de los suministros de luz, telefónico y de las compañías de bus, hasta entonces en manos extranjeras, se topó de bruces con la realidad de las multinacionales que lo ahogaban, cuando anunció un plan para modificar los impuestos que las compañías canadienses y americanas pagaban por la extracción y tratamiento de bauxita y aluminio. Fue la guerra, y el comienzo definitivo de la violencia política en JA.

Las multis desplegaron todo su poder frente al indómito líder de la pequeña isla. La receta imperialista de siempre se puso en marcha: le demandaron por millones ante el Banco Mundial, sacaron fuera de la isla parte de sus industrias (le llaman deslocalización), y comenzaron con la ayuda de la CIA una campaña continua, tanto de publicidad entre las clases medias y de negocios que inicialmente apoyaron a Manley, pero que empezaron a perder sus privilegios en sus negocios internacionales; como con la creación de los famosos “rankings” o bandas de pistoleros al servicio de la rivalidad política, mediante el tristemente célebre “tratado” de “guns for ganja”, que en los 80 daría paso hasta hoy a las terribles “posses” de “guns for crack”.

En paralelo y con la crisis del petróleo por medio, el nefasto FMI comenzó a imponer sanciones a la Isla por no devolver sus créditos en plazo. Acosado por el flanco derecho, Manley apostó por resucitar abiertamente el pasado socialista del PNP aprovechando la visita a JA en Noviembre del 74 del legendario líder africanista tanzano Julius K. Nyerere, en una apuesta tan decidida por la movilización de las masas, como la de Allende en Chile años antes. Pero, entre bambalinas, Manley trató de acercarse al FMI y estudió un primer paquete de ayuda, cuyas condiciones draconianas, acabó rechazando (¿os suena lo del “Rescate”?).

En medio del huracán de la campaña más sangrienta que se recordaba, y con la desesperanza popular por la muerte de Haile Selassie en el 75, Manley aguantó y polarizando aún más al electorado, acabó ganando de nuevo las elecciones del 76, incluso con un punto porcentual más que en el 72.

La influencia de Bob Marley entonces era tan trascendente local e internacionalmente, que no sólo su intento de asesinato copaba la actualidad política, también su reinterpretación del discurso de Selassie ante la ONU en “War”, cuya letra parecía dedicada a los críticos momentos que se vivían, o sus apariciones en el Smile Jamaica Festival y dos años después en el intento (fugaz y aparente) de reconciliación nacional entre Manley y Seaga en One Love & Peace Concert. Tanto, que casi tapaba como banda sonora de aquellas elecciones, las decididas intervenciones de otros como Max Romeo, que ya había contribuído a la campaña del PNP en 1972 con “Let the Power fall on I” y repetía ahora con “Socialism is Love”, además de su recordado álbum “War inna Baylon” (75).

Pero la victoria electoral aplastante de Diciembre de 1976 sirvió de poco frente a los problemas reales. Como diría el imprescindible Eduardo Galeano, “si el voto sirviera para cambiar algo, ya lo habrían prohibido”. Aunque con un nuevo gobierno copado por el ala izquierda del partido, con Donald K. Duncan a la cabeza como nuevo “Ministro de Mobilización Nacional”, en 1977 el nuevo PNP del “socialismo democrático” anunció a bombo y platillo el llamado “People’s Plan” que supuestamente introduciría la participación activa de los trabajadores en las fábricas y la democratización de la enseñanza. Sueño de un día. En Mayo de ese mismo 1977, agobiado por las sanciones internacionales y la necesidad interna de financiar sus anunciadas reformas, Manley firmaba con el FMI un acuerdo parecido al que antes rechazó, por el cual recibía un préstamo de 38M de libras para equilibrar supuestamente el déficit de su “deuda soberana” (¿os suena?), que en realidad fue el error más dramático que cometió el sueño revolucionario de la pequeña isla.

Junto con el acuerdo, se incluían toda una serie de recortes en gasto público que atacaban directamente el estándar de vida de los sectores más humildes de la población (estudiantes, desempleados), además de la obligación de someterse a continuos “test” internacionales por las delegaciones del FMI, que fracasaban una y otra vez, y a los que se supeditaba la continuidad de la línea de crédito abierta para JA, con lo que la imposición de nuevos recortes se sucedía una y otra vez (¿os sigue sonando? ¿Alguien sabe dónde queda Grecia?).

La confusión y el desánimo se apoderaron de la clase trabajadora y los desempleados. El coste de la vida se disparó sin control y la cocaína empezó a rodar tanto como las balas.
No en vano, el jefe local de la CIA, Norman Descoteaux impulsó por entonces un programa específico, según desvelaba Gary Webb en su controvertido libro “The Dark Alliance”, por el que la propagación exponencial de las armas y el tráfico de drogas en el caribe, fue asociada por la Agencia con el uso de los mismos matones para servicio del JLP y desestabilización callejera del gobierno de Manley y sus programas locales, con la figura de Jim Brown (el padre del actual Dudus Coke) y su fundación de la temible Shower Posse, así como las oscuras circunstancias de su muerte, ya con el JLP de Edward Seaga en el poder, tras incendiarse su celda al poco de rechazarse su apelación contra la extradición solicitada por USA, y tras sus sucesivas amenazas de hacer públicos todos sus vínculos políticos si la extradición se llevaba a cabo.

Así que conforme el sueño socialista se desmoronaba, la violencia y la miseria crecían y crecían, hasta que el JLP se hace con el poder en las peores elecciones de la historia, allá en 1980, con más de 1.400 muertos según algunas fuentes.

El apoyo rastafari a la vía político-parlamentaria se esfumó definitivamente, y se trasladó más a una apelación continua contra algo más difuso como “Babilonia”. Irónicamente en aquellas terribles elecciones, los dos partidos recurrieron de nuevo a la guerra sucia. El JLP utilizó sin permiso el tema “Crucial” de Bunny Wailer para ilustrar el fiasco de las promesas de cambio del PNP, del mismo modo que éste utilizó sin permiso el “Bad Card” de Bob Marley.

Tal vez por eso un desencantado Marley decía alto y claro en 1980: “La política no me interesa. Es negocio del diablo. Dicen que cambiarán Jamaica en tres meses y todos mienten. Juegan con la opinión de la gente. Todo lo que vemos que está pasando en Jamaica es que un montón de jóvenes, que todavía no pueden votar, mueren. A los políticos no les importa quiero decir, puede que estés enfermo, que necesites ver a un médico, pero a ellos sólo les importa que vayas a votar. Por eso no defiendo la política. Aquí viene un hombre como yo, diciendo No votes!. Rasta No Vote”. Bien que lo sabía cuándo en 1976 ya declaraba que los políticos le miraban como al aluminio (la industria nacional), es decir, por los beneficios que les pudiera reportar.

Con el JLP y las posses y el negocio de la droga entre el Caribe y USA en su máximo esplendor, y bajo el patrocinio de la era neoliberal iniciada por Reagan y Margaret Thatcher, las condiciones de depauperización de la Isla se hicieron todavía más insostenibles. Con el fín del gobierno revolucionario de Manley en 1980, el PNB de la Isla había caído un 25% y la inflación alcanzado un 325%. Una década después, cuando Manley recupera el poder en 1989, Seaga había pagado 443M de libras a los inversores extranjeros (de ellos 176M al FMI) y la deuda soberana del país se había multiplicado meteóricamente hasta los 2.2 billones de libras.

El gobierno socialista de Manley, como otros antes, jamás pudo remontar ni en los 70 ni en los 90, la pobreza insufrible de la Isla, ni la presión del capitalismo internacional. En 1984, las mentes conscientes que quedaban en la Isla, aún cantaban: “¿Estás listo para ponerte en pie y luchar contra la revolución de la derecha?” (Revolution – Dennis Brown). Un canto a la esperanza y la supervivencia. Amar en tiempos revueltos. Ahora decide cómo vas a ponerte a luchar contra la revolución de la derecha, en unos tiempos, en que como entonces, “los Gobiernos no gobiernan el mundo, Goldman Sachs y el FMI gobiernan el mundo”.

Carlos Monty. Octubre 2011

External Links for more info:
How the IMF wrecked Jamaica

Intelligence-Jamaica