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Capítulo 12: Kingston. If di streets could eva talk. Shottas, lezzies & bets. Retrato freaky de una ciudad bizarra

Posted on 2 Diciembre 2011 in General by ACR Crew

Algunos ya sabéis que acabo de volver de Kingston. Aunque el cartógrafo oficial de la ciudad de los mil pecados, del infierno en la tierra, es Nando García Guereta con su blog “Crónicas from Kingston” y aunque por supuesto entre bomberos no nos pisamos la manguera, eso no quita para que en lugar a la topografía artística por barrios con que nos obsequia de cuando en cuando, en este “Natty in de Red” nuestra topografía particular la dediquemos a costumbres, localismos, ritos y leyendas, que a más de uno le romperán cien tópicos, ya superado (supongo) el “paz y amor” jipi de los tiempos de Bob Marley. Y sí, el Don de los malos, el Weirll Boss sigue entre rejas. Dile a tu mamá que no se preocupe. Que de momento, no vendrá a cenar a tu casa.

Primer tópico: “¿Jamaica se ha vuelto lesbiana?”. ¿Pero no habíamos quedado, tan evolucionados como somos desde Europa, que era machista y homófoba hasta lo rancio?. No es sólo que Melanie Walker, Veronica Campbell, Shelly-Ann Frazer y Kerron Stewart, dominen con paso firme el atletismo femenino mundial en velocidad, o que Spice (sí la misma del himno guarro –y ¿machista?- “Ramping Shop”) diga desde el título de su último single que “Dick is the name of my boyfriend” ó que Tiana alardee del sex appeal de su vulva carnosa en “Pum Pum Phat” sobre el riddim del “Summertime” de Kartel. Es que no hay mayor diversión actual en Jamaica, más allá de las apuestas a los caballos en el hipódromo de Caymanas Park de Portmore, que por cierto acababan de robar por enésima vez en su historia cuando me vine; que los Go-Go Clubs, donde los shows lésbicos se exhiben con la misma naturalidad, que por el contrario en la calle se vuelven todo pudorosos, como un censor norteamericano viendo un pezón de Janet Jackson por la MTV.

Que gracia. Pase Ud., dama o caballero por el Palace Royal o cualquier otro de los antros de New Kingston, o por el Godzilla”o el Cristal de Port Antonio, por no hablar del new Las Vegas en que parece estar convirtiéndose Montego Bay, ahora que los hustlers y los beggars parecen haberse desplazado en masa a Negril, para sonrojo del Rick’s Café; y comprobará que quien manda en cuestión de sexo y estilo es siempre la mujer y que la mujer ha perdido el miedo a mostrar públicamente que le gusta o le puede gustar otra mujer (eso sí en sitios autorizados como los Go-Go Clubs). Verá que en esos antros el hombre queda en un segundo plano, y que son las visitantes femeninas quienes pujan a voz y dólar en mano, por llevarse la atención de las strippers más macizas. Fíjese Sr. Turista en quién conduce en mayor número los coches caros y grandes, y saque cuentas, oh! qué sorpresa, sí, son ellas!.

¿De verdad, la sorpresa es tanta?. Lady Saw, Tanya Stephens y un montón de bad-girls más que les siguieron, ya han ido dejando pistas claras desde los 90, de sus preferencias sobre hombres… y mujeres. Los tíos no hablan más que de descripciones gráficas y explícitas de sus actos sexuales en las letras de los himnos dancehall. All a di gals dem/all a di gals dem/Man round a come dice Aidonia a todo trapo en “Summer Sun”, como demostración de esa supuesta sumisión femenina al pene. Pero fíjense (de muestra, una raja de tu falda), lo que dice, la más mala de todas, Lady Saw en su rotundo hit feminista de este año “Wife to Wife”: Mek your liquor spill when mi step inna di place/See who draw nil when mi flig an a drape/mi nah stand still/me a wife/mi nuh mate./An mi nuh pay bills when mi go pon date/A gal fi know she ain’t nutten but a hush/Man drive and park dem like truck/Nah gih dem nutten caw dem always bruk./And when dem see wife, dem waan fi talk up/But tell a gal when she see mi/She fi cut/Fi har job and a fi bend down and duck./No man waan dem, but dem waan play stuck/When wifey come through, all matey shut up.

Dicho en cristiano (que de los vicios del patois ya hablaré en otro capítulo), que como los machos la meten como camiones, una esposa tiene que cotizarse, y ni paga la cuenta en una cita, ni te confundas con una golfa estilosa y con corte de pelo a la última, que esa todos quieren zumbársela, pero en cuanto aparece la esposa de verdad, todos se cagan. Esto da pie a una teoría negada por todos los jamaican male, pero muy verosímil, de que los tíos son tan toscos follando en la isla, que las mujeres han salido hace tiempo del ostracismo (“A gal fi know she ain’t nutten but a hush”) y hartas de estar mal folladas, no solo marcan el paso en el juego del “Papito” tan popular en toda América Central y Latina (“Mi nuh pay bills when mi go pon date”), sino que miran a otras chicas estilosas reivindicándose con clase. Si los machos no les dan lo que buscan, tal vez lo encuentren en otra mujer, pero si tratas de robarle a su macho, te romperán los 32 dientes (dice en otra parte de la letra Lady Saw).

Así que lesbis, tal vez no, pero la bisexualidad femenina es cada vez más evidente en la Isla, digamos lo que digamos desde aquí, y de ahí que ese momento de reafirmación más femenina que masculina que es el daggering (o follar vestido a ritmo de la música), sea cada vez más frecuente entre mujeres en las fiestas Dancehall. Como en España hay cada vez más escena “dancehall” y que casualidad, líderada por mujeres, sería fantástico que Dhq Karmen Cuellar, Lula Longlegs y las demás gyals involucradas desde aquí en el dancehall, aporten su punto de vista sobre lo que estoy contando.

Segundo tópico: ¿el colonialismo musical se terminó con los Rolling Stones?. Pues va a ser que no. Tantos años denunciando el vampirismo musical del rock, y cómo la música blanca ha chupado hasta la médula y en todas sus variantes de la esencia jamaicana. Tanto cabrearse porque el punk, la nueva ola inglesa y el bluebeat de Two Tone, y después el tecno con el dub, se mimetizaran malamente tapando el fulgor de los auténticos protagonistas jamaicanos, hasta acabar diciendo “riggi” por estas tierras y ahora va a resultar que los nuevos colonizadores culturales, no vienen del rock, sino de eso que llaman reggae y hip hop “europeo”  y que no se sabe muy bien que és. Son muchos los “aventureros” europeos que desde hace unos años aterrizan de nuevo en la Isla para apropiarse en su propio beneficio de la plusvalía internacional que supone en el mundo de las tendencias, la marca “made in Jamaica”.  Pero el cuño de esa marca en un artista extranjero no siempre “representa”.

No hablo de dubplates, hablo de producciones. Ponga Ud. un artista italiano o español, que se viene con una pasta para grabar en la Isla. Me da igual si es un riddim para luego explotarlo hasta la saciedad en Europa, o para realizar una grabación propia con artistas y productores locales. Vienen, pagan, se van, y se creen los reyes del mambo. Pero en JA no son nadie, no representan. El caso paradigmático es Alborosie, tan apreciado aquí que cuando viaja allí se cree el mismo “Star Bwoy” que Mavado. Pero allí lo conocen en realidad, cuatro. Los cuatro a los que pagó. Lo mismo pasa con fotógrafos, diseñadores y otros pájaros de visita.

Así que desconfiad de quien os vende aquí producto “original” jamaicano, porque probablemente no sea más que otro colono cultural haciendo negocio. Otra cosa es quien con humildad, se queda, se afinca y se integra en la escena local. Lucas “Goodmanners”, un suizo que lleva 18 años viviendo en Kingston, y 15 años sobreviviendo con su tienda de discos y sello Mixing Lab (a espaldas de Stone Love) es un ejemplo de lo segundo. El neoyorquino Tony Matterhorn y su saga de piques con los cómicos Twins of Twins de la tele jamaicana, también. Es gente que se ha ganado el respeto y reconocimiento local a base de tenacidad e ingenio.

Claro que el canibalismo musical no es sólo patrimonio de europeos advenedizos. En torno al tirón local e internacional de la escena dancehall ha crecido exponencialmente en los 3 ó 4 últimos años, una escena específica en torno a los llamados “Dancehall Mix”, cuya competencia se ha vuelto durísima estos días. Provistos de enormes altavoces sobre ruedas, cientos de vendedores ambulantes, compiten todos los días por las calles de Kingston por vender a precio de saldo (1 ó 2 euros al cambio), eternos mixtapes con cerca de 80 números por cada CD del más reciente dancehall, del que dudosamente artistas o productores originales reciben royalties. Al contrario, incluso algunos artistas colaboran directamente con ellos prestándoles intros, como Bounty Killer con los hiphoperos neoyorquinos Super Tremor Sound.

En este negocio pirata y callejero (“Phone Card, Phone Card, Phone Card/Banana, Banana, Banana Chip…” que diría Specialist en la parodia “Street Hustle”), participan desde veteranos sound y productores como Stone Love y Cash Money a recurrentes como Teacha & Mackerel, Dj “Eva Hype” Kenny, Mark Watson o Stereo King Sound, que ya son nombres de referencia en este sub-género chupóptero, pero práctico para seguirle la pista a tan errática escena discográfica.

Tercer tópico: Shottas y Gunshots. ¿Kingston la ciudad más peligrosa del mundo? Sí vale, ya sabemos todos lo malísimo que dice la policía que es Kartel. O va a ser que una ciudad partida entre el Uptown donde reside la clase media y de negocios y Downtown donde malviven los pobres y marginados fragmentados en Garrisons, al punto que se organizan combates públicos de boxeo entre los pijos y los pobres, y donde quien más quien menos para tratar de sobrevivir a la miseria, acaba empuñando un arma y haciendo “lo que tiene que hacer” si es hombre, o vendiendo su pum pum si es mujer, como salida a la desesperada como modo de vida. Así que igual es que Kartel no es especialmente malo, es que ha tenido éxito popular alardeando de un lifestyle del crimen, del que muchos comen, y en el que unos acaban entre rejas en la GP ó en la Horizon de Spanish Town Road y otros en cambio sobreviven haciendo más o menos fortuna.

La lista de delincuentes populares llega ahora hasta Kartel, pero arranca de los tiempos del legendario Ivanhoe “Rhyging” y los demás “Johnny too Bad” previos a la independencia, sigue por los malísimos de la muerte, Jim Brown y Bucky Marshall, infames rankings de la violencia política en los 60 y 70, y llega a nuestros días, ya con Michael Manley fallecido y Edward Seaga jubilado, hasta el escándalo de la extradición de Dudus Coke, como si hoy día no existieran los One Order y los Clanks Gang como posses especialmente sangrientas, en relevo generacional de los Renkers y los Fourties respectivamente en los 80, Shower Posse aparte.

Nadie se pone de acuerdo en la Isla sobre si Kingston es más violenta hoy que ayer, si es más difícil conseguir una pipa en Portmore o en el Bronx o en Birmigham, pero si que hay que empezar a desdramatizar. En una vida gobernada por el cash, las armas de fuego se usan para robar o ajustar cuentas, pero curiosamente no para asaltar turistas. La población blanca en Kingston es tan ridículamente baja, que como mucho un blanco o parece invisible para el resto de la comunidad (porque lo ignoran) o si te encuentras un beggar especialmente pesado, suele solucionarse con un “nuh cool, man” acompañado de algún “klaat” si la cosa exige más determinación en la negativa.

Así que menos prejuicios para visitar la Isla, para dejar de pensar aquello de “me miran mal porque soy blanco”, menos distanciarse cuando no rechazar lo que no entendemos, y más empaparse de la Isla, sus ritos y costumbres, los compartamos o no porque, ¿realmente creéis que el reggae puede existir sin Jamaica?

Carlos Monty