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Capítulo 10: ¿Roots contra Dancehall?

Posted on 7 Septiembre 2011 in General by ACR Crew

Si algo queda claro del Rototom 2011 es que la indiferencia, cuando no el enfrentamiento, entre los seguidores españoles del roots y del dancehall sigue más vigente que nunca, para desgracia de una escena creciente que en lugar de unirse, se fragmenta cada vez más. Cierto que afortunadamente hay muchos seguidores del reggae que todavía pueden disfrutar del mento y el ska al new roots y el dancehall de Not Nice, Cashflow o Don Corleon, como simples expresiones temporales de una misma música jamaicana, pero una gran mayoría parece haberse establecido en el desprecio al otro, como forma de autoafirmación, y así vamos mal.

Los seguidores del dancehall suelen hacer gala de una cierta despreocupación. Si no entiendes las letras es tu problema. Si no estás al tanto de los últimos éxitos en la Isla es tu problema. Tampoco parecen muy interesados en mantener la conexión rasta que unió en su día la evolución de la música reggae, tal vez porque ya difícilmente se encuentra siquiera en la propia Isla, donde ahora abunda el fashion, la cosmética y el ensueño con el lujo, especialmente en los guetos.

Por su parte los seguidores del roots parecen seguir conservando un cierto prejuicio con la producción digital, de forma que lo analógico es siempre, infinitamente superior, sobre todo si es ejecutado en directo. Ni siquiera necesitan cuestionar las letras o los mensajes, para descalificar el subgénero. Es curioso, porque este esquema mental reproduce al pie de la letra lo sucedido con la revolución generacional del punk, donde las audiencias más conservadoras primaban el virtuosismo (de por ejemplo, el rock sinfónico) sobre la actitud (aunque era cierto que inicialmente los punks no sabían tocar, pero que importaba). Sin embargo, Marley y Tosh, en cuanto pisaron Inglaterra se alinearon más rápidamente con los punks que con Eric Clapton o Peter Gabriel.

De alguna forma, el esquema de división se reproduce en la programación del Festival y sus carpas. Un par de días con mayor acento dancehall (Vegas, Shaggy) y luego básicamente a leyenda diaria de la roots & culture, y eso que falló Bunny Wailer, quien no quería compartir cartel con Rita Marley (no me extraña).

¿Pero realmente la oferta musical de la Isla es tan irreconciliable como parece, visto desde Europa?. Porque si no fuera así, significaría que somos nosotros y no ellos quienes tenemos un serio problema de comprensión, por más festivales que pretendan programarse sobre cultura jamaicana.

Un repaso a las distintas atracciones del Rototom 2011, como supermercado de las distintas ofertas jamaicanas, parece ir en esa última dirección de que las contradicciones están más en Europa que en la Isla.

La Dub Station parecería en principio el templo sagrado del roots. Mucha de su programación corresponde a oldies y deconstrucciones dub, como este año de homenaje hizo Aba Shanti con el repertorio Marley. Pero tal vez se trate de pura etiqueta. Blacka Dread maneja con maestría incuestionable el sound “Channel One” desde su Londres de siempre. Yo soy adicto a ese sabor entre 80’s y 90’s que caracteriza al reggae de la capital inglesa. Sin embargo, muchos de los supuestos incondicionales del roots, no parecían protestar cuando en la recta final de su set, Blacka programaba directamente dubstep y drum’n’bass. Los mismos incondicionales que no aparecieron por ninguna parte en los espléndidos monográficos que la carpa del Juanita Club de Valencia programó sobre algunos de los sellos más imprescindibles del reggae roots como Black Ark, Randy’s, Trojan, Joe Gibbs y otros. En cambio, el Juanita se llenaba de cuando en cuando con la intervención de sounds con una apuesta declaradamente dancehall, sin que los incondicionales opusieran resistencia alguna.

En el otro córner, la carpa de Dancehall parecía tener el lleno casi asegurado noche tras noche, muy por encima, en cuanto a afluencia, del vecino escenario de ska, y ello pese al pobre sonido de noches como la de David Rodigan, aunque también con pleno al quince en noches como las de los alemanes Sentinel, que para eso es sound champion nº 1, de lo que se deduce que una proporción de público probablemente superior a la que se piensa por los organizadores, lo que busca es precisamente la excitación de la actualidad jamaicana, más allá de servidumbres a la tradición rasta ó clásica del reggae, a la que en todo caso no parecía hacerse ascos, siempre que viniera presentada con soporte digital (Barrington Levy, Buju en clave rasta, etc.).

Así que en las 2 carpas existieron contradicciones en el respetable asistente. Pareciera más bien, una cuestión de simple presentación formal. Si se me presenta en el contexto y con el formato adecuado, mis oídos (y sobre todo mis pies) aceptan casi lo que sea. Como prueba de mi tesis, pienso preguntarle a Blacka Dread si sería capaz de colar a Gaza en una de sus sessions, y a Sentinel si serían capaces de colocar a Hugh Mundell, por poner un ejemplo extremo. Apuesto a que los 2 me contestarían que sí, si no lo han hecho ya. ¿Así que por qué tanta tribulación con los géneros y los fans en Europa, y aún más, me atrevería a decir que especialmente en España?.

Si nos fijamos en la afluencia a los escenarios principales, las diferencias no parecieron ser para tanto. Claro que salvo noches completas como la Queen Ifrica, Tony Rebel y Shaggy de un lado, o la de cierre con Michael Prophet, Johnny Clarke y Horace Andy por otro, la mezcla de estilos en el cartel resultaba un poco deslucida. Por ejemplo es difícil que Konshens, con su propuesta actualizada, pudiera suscitar la más mínima atención de los que volaron con leyendas como Lee Perry y Ken Boothe, que le precedieron en el mismo escenario.

Uno puede entender que las filosofías de ambas escenas sean incompatibles, pero cuando se sufre la fascinación por Jamaica que sentimos muchos, no debiera segmentarse tanto la audiencia, porque ellos no lo hacen cuando crean su música. Por ejemplo, es verdad que una modelo como Toya, consigue construir una carrera siguiendo los pasos –a la jamaicana- de lo más babilónico del mundo TV basura en el que vivimos, copiando hasta en el look a petardas como Rihanna, Paris Hilton o Victoria Beckam, y acaba teniendo su propio reality-show (solo que en entregas de vídeo) y obteniendo un nº 1 con un gracias a dios dedicado al sueño de las chicas pobres con convertirse en chicas materiales (“True Blessing”), que cualquier seguidor que respete la filosofía rasta podría considerar una blasfemia, e incluso acaba sojuzgando a Beenie Man en una especie de versión a la jamaicana de Pimpinela en “One Man Girl”.

Todo eso es verdad, pero también que I-Wayne reventó el mercado con “Can’t Satisfy her” hace 5 años, con una parodia de la moda de las chicas materiales y la prostitución encubierta o que, de pronto, aparece Queen Ifrica abroncando a las adolescentes que copian la imagen de Toya y el bleeching, en el vídeo de “Me Nuh Rub”, mientras que a la vez compite ferozmente con el mismo Kartel en su diss “No Bwoy” ó en su ya clásico “Fyah Mumma” y en muchos otros riddims hardcore de ahora mismo con los que también se prueba.

Así que dentro de lo que podría considerarse dancehall, coexisten los dos mensajes, las dos líneas, las dos escuelas, la simplemente escándalosa pero tremendamente infecciosa y la consciente y más crítica (escuchen a la Fyah Mumma reprochar el continuo cotilleo actual en “Rasta nuh chat Rasta” o rendir tributo a Marcus Garvey en “Essence of my Life”), como en realidad han coexistido siempre. Si no, recuerden los tiempos de Garnett Silk y Tony Rebel a la contra, en pleno auge del guns & slackness, por no hablar de Sugar Minott en su periodo de Youth Promotion. Además buena parte de los riddims actuales todavía siguen reciclando riddims clásicos del reggae de siempre (del Stalag 17 al Real Rock).

¿Luego, si la bronca no está estrictamente en la música (más allá del prejuicio antidigital), entonces, dónde se rompe en dos la música que llega de Jamaica?. Pues más que posiblemente, en nuestros oídos y nuestros ojos.

A diferencia de la mayoría de Europa, muchas de nuestras generaciones de amantes del reggae siguen conectando con el espíritu hippy y del rock previo al punk y despreciando la cultura hip-hop. Ante ese socavón generacional y cultural no hay nada que hacer, más allá de la evolución personal de cada uno.

También a diferencia de la mayoría de Europa, el nivel general de inglés sigue siendo demasiado bajo. Así que en estilos como el del dancehall o el hip-hop, donde las habilidades ante el micro representan entre el 60% y el 80% del impacto de una canción, el foso cultural resulta más difícil de saltar.

Por último, en la falta de identificación con la tradición jamaicana con la que se presenta, como mera extensión del hip-hop americano, el dancehall en España, abusando de sus estereotipos, como tuvimos oportunidad de comprobar en el Festival con la polémica artificial creada por el Diario Público en torno a la supuesta homofobia y machismo del reggae. Para desmentirla, Capleton aglutinó en el escenario, tanto a los seguidores del dancehall como del roots y new roots, convenciendo incluso a los más escépticos, que pensaban que sólo sabía gritar y no cantar.

Así que a ambos bandos les digo: menos etiquetas y más buscar la buena música. Que Jamaica tiene mucha que ofrecer, en cualquier época y en cualquier estilo. “Not Judge, before judge yourself”, dijo el Sabio.

Carlos Monty. Agosto 2011